Hasta hace 20 años, el concepto de inteligencia era sinónimo de razón, lógica y acumulación de datos. Pero este viejo paradigma ha tenido que dejar paso a una nueva definición de inteligencia en la que las emociones y las relaciones interpersonales son las protagonistas.

El concepto de inteligencia ha sido definido de muy distintas formas a lo largo de la historia, según los intereses culturales y las urgencias sociales de cada época. Durante muchos años las únicas capacidades contempladas eran la velocidad de respuesta biológica a un estímulo o las de aprendizaje y procesamiento de la información. Se creía que eñ cerebro humano era capaz de actuar con lógica y razonamiento puros. La inteligencia era única, analítica, innata, universal… y medible. El tiempo ha demostrado que nada más lejos de la realidad.

A continuación hacemos un seguimiento cronológico y multidisciplinar de lo que la definición de “inteligencia” ha ido enriqueciendo su significado a lo largo de los últimos 250 años.

1959. Charles Darwin publica El Origen de las Especies

El hombre es un animal, pero racional
El Origen de las Especies, de Charles Darwin, que situó a los humanos como descendientes directos de animales que se consideraban inferiores, fue un jarro de agua fría para la vanidad humana, pero aún nos dejó el resquicio de pensar que nuestra evolución había sido tan potente que nos había situado a años luz de ellos.

La razón, el rasgo distintivo que parecía ser la clave del desarrollo del animal humano, cobró así una importancia extrema en nuestra definición como especie y como individuos.

1901. Sigmund Freud hace pública su teoría del inconsciente

Nuestra razón esconde secretos
Freud mostró en su obra Psicopatología de la vida cotidiana que la conciencia humana es sumamente limitada y que no siempre gobierna nuestro actos. Según Freud, el inconsciente se manifestaba en nuestra vida cotidiana con una fuerza tan poderosa como la propia razón. Los últimos descubrimientos sobre las propiedades plásticas del cerebro (el equivalente a la huella psíquica freudiana) ofrecen una base biológica para el inconsciente.

1905. Alfred Binet crea el test de Cociente Intelectual

Fe ciega en la inteligencia
El ministerio de Instrucción Pública francés encargó a Binet una medición psicométrica de los escolares franceses, con el fin de separarlos en aulas distintas según su capacidad de aprendizaje. Binet elaboró un de desarrollo grupal que medía el rendimiento intelectual de un niño en la resolución de ítems. En función del resultado se le ponía el test de la edad inmediatamente superior o inferior, y así sucesivamente hasta determinar su edad intelectual. Durante nueve décadas los gabinetes de psicólogos han identificado la inteligencia con el CI.

1938. El test de Raven: test de matrices para eliminar lenguage

El análisis y la lógica como medida universal
Raven introdujo su test de matrices progresivas para eliminar el requerimiento de conocimientos lingüísticos previos. Consiste en una batería de gráficos simples organizados en filas y columnas en los que está ausente el último elemento. El individuo debe hallar la relación que establece la progresión de los gráficos y deducir cual es el siguiente, este test lo hemos hecho todos alguna vez, aunque solo haya servido para que al final del mismo nos pidan el número de teléfono para enviarnos publicidad. A partir de Raven, aparecieron diversos tipos de test de inteligencia. El más extendido fue el de Weschler, para medir la inteligencia de los adultos (WAIS).

1968. Ulrich Neisser promueve la nueva psicología cognitiva

Un cerebro a imagen y semejanza del ordenador
Este psicólogo estadounidense publica  su libro Psicología Cognitiva, obra fundacional de esta disciplina. Desde el punto de vista cognitivista la inteligencia está basada en el acceso a estrategias de tratamiento de la información. Para los psicólogos reduccionistas (Jensen, Eysenck) la inteligencia era innata, dependía exclusivamente del funcionamiento neuronal y podía ser medida indirectamente con variables tales como el “tiempo de reacción” y la “velocidad de proceso” del sistema nervioso central. Remitiéndonos a la metáfora del ordenador de Neisser, ignoraban la importancia que tiene el software para sacar todo el partido al hardware.

1973. Howard Gardner acaba con la inteligencia única

La rebelión de las inteligencias múltiples
Kahneman y Tversky desarrollaron la teoría de las perspectivas, según la cual los humanos cuando nos encontramos en entornos de incertidumbre tomamos decisiones que se apartan de los principios básico de la aplicación de la probabilidad, lo llamaron “atajos heurísticos”, e introdujeron el sesgo emocional en nuestras decisiones racionales.

Diez años después, el psicólogo estadounidense Howard Gardner afirmó que inteligencia podía considerarse también como un conjunto de capacidades que permitieran a un individuo resolver problemas o fabricar productos valiosos en su entorno cultural. Bajo su prisma existen un mínimo de ocho inteligencias múltiples: la lingüística, la lógico-matemática, la espacial, la musical, la corporal y cinética, la intrapersonal, la naturalista y la existencial. Por primera vez había otras habilidades indispensables y complementarias a la cognitiva para definir la inteligencia.

1990. Salovey y Mayer rescatan a las emociones del olvido

La inteligencia emocional conquista el mundo
Estos dos norteamericanos advirtieron que habíamos olvidado el factor principal que condiciona nuestra adaptación al mundo: las emociones. Fueron los primeros en definir el concepto de inteligencia emocional.

En 1995, el portugués Antonio Damasio expuso en El Error de Descartes que sus hallazgos sobre los “marcadores somáticos” demuestran que las decisiones racionales provienen de las emociones y las emociones, a su vez, de los sentidos corporales.

2006. Goleman avanza con la inteligencia social

De animales racionales a animales sociales
En 1995 el periodista estadounidense Daniel Goleman reunión en su libro Inteligencia Emocional los conocimientos que los científicos como Salovey y Mayer o Antonio Damasio habían adquirido en los últimos años acerca de la importancia de las emociones en el comportamiento. Ya no podemos entender la razón sin la influencia de las emociones, del mismo modo que ya no podemos imaginar al ser humano de forma aislada del entorno y de sus relaciones de los demás.

Goleman siguió abriendo camino en este sentido con la publicación en 2006 de Inteligencia Social. La inteligencia social se define como la capacidad del individuo de interrelacionarse con éxito con sus congéneres, y una vez más se apoya en un descubrimiento biológico: nuestro cerebro está dotado de algunos elementos (neuronas espejo, capaces de hacernos sentir empatía) que conducen a definirnos como animales sociales por naturaleza.

Un cambio asombroso se ha producido en los últimos 150 años, el que lleva del hombre definido como animal racional en los tiempos de Darwin, al hombre emocional y social de la actualidad.